jueves, 20 de agosto de 2015

¿Pero que estamos haciendo?


¿Pero que estamos haciendo? No, de verdad, ¿Qué hacemos?
Nos hacemos los duros fingiendo no echarnos de menos.

¿Por qué ya no nos llamamos, ni nos escribimos, ni nos vemos?
Por no dar el primer paso, es solo por no ser el primero.

Me muero por decirte que te añoro, que te extraño, que te quiero.
Te diría tantas cosas pero me empeño en no hacerlo.
Si tras los dobleces de la inseguridad solo se esconden los miedos
y estamos haciendo el tonto, estamos perdiendo el tiempo.

Nos hacemos los fuertes mostrando lo débiles que somos
y aumentamos las distancias por no acercarnos nosotros.
Solo espero un “¿Cómo estas?” y con eso me conformo,
saber que a veces me añoras, ya ves, siempre te he pedido poco.
Sé que muchos días no existo y es cuando me siento más solo
 y aunque me sigo acordando de ti yo no te cuento tampoco
que estoy deseando verte y que sé que me equivoco.

¿Pero que estamos haciendo huyendo el uno del otro?



 Derechos de autor: Pedro Cortés.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Mirada de un des-conocido

Susurré las cuentas del olvido
acaricié los platos rotos
y mi sangre se derramó
en el murmullo de la gente.

Vertí la tinta en tu corazón
bebí el deseo de los errores
y rocié versos
en las ramas de mis arrugas.

El llanto dejó de gritar;
se perdió en el sendero
con el recuerdo y tus labios,
donde las palabras, se hicieron añicos.

Patricia López. Derechos reservados de autor.

martes, 18 de agosto de 2015

Qué día es hoy y a quién le importa

 


Tengo demasiadas puertas abiertas para que me preguntes ahora si entro o salgo. Mira, no sé. Me he mudado a una ventana. Quizá salto. No me gustan las cosas ‘consentido’ pero ojalá yo sea la tuya. Y tú no te vuelvas loco de tanto arder y podamos tocarnos las yemas con los ojos. No se me ocurre mejor forma de verte que con los dedos. Quizá así desaprendamos la geometría, se nos olvide la compostura y todo eso que nos enseñaron de que no se come con las manos. Que no nos sobren comidas. Un martes cualquiera quiero que alguien me proponga dar vueltas a una rotonda. Y comer pipas. Sobretodo morrearnos. Podría ser un miércoles. Imagínatelo por un instante. Que me regalas tus esquemas y yo soborno al hombre del metro para que cambie el cartel y esta estación se llame ‘Casa’. Podríamos creérnoslo. Castigarnos con la expiración de las palabras. Dejarlas ir. Y quedarnos con los vesos. Que nos agrave alguna enfermedad cardíaca y tengamos que lavarnos los dientes juntos delante de un espejo todas las mañanas de aquí a diciembre. Que se acabe el champú y pongamos malas caras. Pero que nos perdonemos antes del café. Entonces te dejaría ponerme el pelo detrás de la oreja sin rechistar y sería una niña buena, de las que no te gustan. Estás realmente guapo enfadado. Podríamos vivir de morros toda la vida. Muy muy guapo. Después te diría que es broma y te prometería bailar la canción más larga del mundo durante toda la noche. Y tú dirías que eso no vale, pero que vale. Nos haríamos tanta trampa que luego nada sería verdad. Y entonces nos escupiremos todos los reproches por no habernos peinado antes las maneras. Por arrancarnos las pestañas y creernos invencibles. Y entonces será como mirarnos veinte años hasta no reconocernos las arrugas. Hasta odiar mi risa y tu forma de ponerme el pelo detrás de la oreja. Habremos vivido como si nada. O como si todo. Y ahora qué.

Lara Moreno-Ventas Losada
(Texto sacado de su poemario "Una Chica Azul")
Novelados